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Economía Indígena8 de septiembre de 2026En la prensa

En las empresas indígenas de Australia el 36% de los puestos lo ocupan personas indígenas, y la explicación está en la propiedad

Una investigación australiana entrevistó a dueños, jefaturas y trabajadores: lo que sostiene el empleo indígena no es un programa de reclutamiento, es quién es dueño y cómo se gobierna la empresa. El umbral de propiedad que ordena ese registro es el mismo del que FEi tomó inspiración.

Por Equipo FEi

En las empresas indígenas de Australia el 36% de los puestos lo ocupan personas indígenas, y la explicación está en la propiedad

AUSTRALIA. En las empresas de propiedad indígena australianas, el 36% de los puestos de trabajo lo ocupan personas indígenas, según una investigación publicada en el Australian Journal of Social Issues y difundida por The Conversation. En el resto de la economía australiana, la contratación y la retención de trabajadores indígenas siguen siendo un problema abierto.

Los investigadores entrevistaron a dueños, jefaturas y trabajadores para entender qué hacen distinto. Lo que encontraron es estructural antes que programático: estructuras menos jerárquicas y una gobernanza que los propios participantes describieron como colaborativa, receptiva y relacional. Con eso, quien dirige conoce las obligaciones culturales y las circunstancias concretas de su gente, y las políticas se ajustan a esa realidad en lugar de aplicar un molde único. La flexibilidad laboral existe en casi todas, pero se concede de manera distinta según el caso.

La competencia cultural aparece tratada de una forma que vale registrar: los entrevistados no la describieron como una capacitación ni como una cortesía, sino como una materia de seguridad y salud en el trabajo. Y relataron diferencias marcadas en su experiencia de racismo respecto de empleos anteriores, con jefaturas más atentas al problema y más comprometidas con eliminarlo.

De ahí sale la crítica más útil del estudio. Muchas políticas de empleo indígena en empresas no indígenas se concentran en el reclutamiento, lo que supone que el problema es la oferta de puestos. Los autores muestran que no existe una única estrategia de reclutamiento, plan de acción ni curso que mueva la aguja: algunas empresas indígenas hacen progresar a su gente desde puestos de entrada hasta jefaturas porque reconocen lo que eso exige y lo que rinde, y crear un puesto de entrada sin trayectoria posible no produce el mismo resultado.

Las instituciones no indígenas pueden aprender de las empresas indígenas, no solo para ser mejores empleadoras de personas indígenas, sino para ser mejores empleadoras para todos.

Christian Eva, Jessica Harris y Kerry Bodle, en The Conversation

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Empecemos por el umbral. Para ser reconocida formalmente como empresa indígena en Australia se requiere al menos un 50% de propiedad indígena, que es el criterio que administra Supply Nation, y la mayoría de las empresas listadas en ese registro son 100% de propiedad indígena. El Registro de la Fundación tomó inspiración de ese diseño y le sumó una exigencia: el 50% se verifica en tres dimensiones simultáneas, propiedad, gestión y control, no en una sola. La discusión pública suele quedarse en el punto exacto del umbral; lo que distingue a un registro no es dónde pone la línea, sino qué verifica.

Lo que este estudio agrega es que el umbral no es un requisito administrativo: es lo que explica el resultado. Donde la propiedad y la dirección son indígenas, el empleo indígena se sostiene sin que ningún programa lo empuje. Esa es una afirmación medible, y es la razón por la que un registro de propiedad verificada rinde más que una política de contratación.

De paso ordena el argumento que la Fundación viene sosteniendo con los compradores. Contratar proveedores indígenas no es una política de personal: es una decisión de abastecimiento con resultados verificables en empleo local, y se defiende donde corresponde, en el estándar GRI 204 sobre prácticas de adquisición, en la Norma de Desempeño 7 de la IFC y en los principios del ICMM. Cuando el mismo argumento se presenta como iniciativa de recursos humanos, queda expuesto al primer recorte de presupuesto.

Falta decir qué haría posible una investigación así en Chile. El estudio australiano se pudo hacer porque existe un registro con un criterio de propiedad verificado y una serie de datos detrás. El segundo Catastro Nacional de la Fundación, de 2025, identificó 17.221 iniciativas económicas indígenas, pero la evidencia sobre empleo, permanencia y trayectoria todavía no se puede producir con ese nivel de detalle. Esa es la razón práctica del Registro, más allá de la visibilidad: sin él, las preguntas de este tipo no se pueden responder con números.